¿De cuántos años te sientes?

A los 12 no podía esperar para tener 15 y quitarme la etiqueta de niña; pero mejor 18, y volverme una ciudadana.

Cuando llegué a la adolescencia sentí como si mi visión del mundo pasara de un ángulo de 90 a 180 grados, y mis anhelos de amor y divagaciones me alejaban cada vez más de mis compañeras que aún preferían jugar al resorte en el recreo.

Mis percepciones se asemejaban a andar en zapatos nuevos y más grandes; en el cuerpo de alguien mayor. Y prefería mi soledad, que acompañaba con los diálogos de los clásicos.

Pero cuando el “alma vieja” (como adorablemente y con impecable elocuencia personifica Natalie Portman en Beautiful Girls), llega a la adultez, ¿persiste en su precocidad?

A los 30 me sentía con la madurez emocional de mi edad, aunque deficiente en aprendizaje y experiencia (el socrático “Sólo sé que nada sé” es más evidente al envejecer). En el aspecto externo comencé a quitarle años a mi guardarropa conservador y holgado.

Al llegar a los 40, mi cuerpo se vive algunos años más joven, gracias a mis genes y cambios en rutinas. Mi mente percibe que cada vez sabe menos y que se congeló por al menos un lustro.

Pero a mi alma ya no le interesa ser mayor, ni volver a la juventud.
Me siento de 40 porque a veces me permito subirme a la montaña rusa de la adolescencia o quedarme en reposo cuando el cuerpo pesa como si cargara 50 años de arrepentimientos y rechazos.

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