Rellenar los días

El día no alcanza. Las semanas se vuelven pronto un mes, o tres.

Parece que transcurren más de prisa cuando se atiborran de actividades rutinarias: el ejercicio, el arreglo personal, la jornada de trabajo… Y los ratos libres también se tornan repetitivos, como actualizar las redes sociales, ver series de televisión o seguir con el trabajo desde casa.

Pero entre las prisas, quehaceres, deberes y entretenimiento programado, e incluso adictivo,  queda poco o ningún espacio para la reflexión.

¿Qué me motiva a levantarme además de la costumbre y de llenar 16 ó 18 horas antes de caer en la cama exhausta de sueño?

Reconozco que, en algunas temporadas, sólo saber que el tiempo contribuye a la degradación de malas memorias (dulce olvido). O por mera curiosidad de un suceso positivo para sacarme de la rutina, mágicamente, ya que no planeaba ningún cambio.

Ahora, me motiva realizar pequeñas modificaciones, como meditar unos minutos cada día. Con certeza se volverán repetitivas, pero al menos estoy consciente de que las planeé  y de perseguir un objetivo.

Desconozco si éste u otro cambio me conducirá a buen puerto, pero ya disfruto el viaje.

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