Nuestros abismos

¿Cómo se acumulan las penas y los miedos?

¿En una caja que tememos abrir como de Pandora?

¿En una sombra colgada a nuestros hombros que cada vez pesa más pero no podemos ver?

¿En un pozo cuyo fondo no es visible y provoca vértigo al asomarse? ¿O como un monstruo que puede salir detrás de cualquier puerta?

Las formas que toman tal vez varían tanto como los esfuerzos para lidiar con ellos.

Y entre las teorías, visiones y metáforas con tal fin, aún prefiero la de Rainer Maria Rilke:

Si hay abismos, son nuestros abismos. Si hay peligros, debemos esforzarnos en amarlos. […] Tal vez todos los dragones de nuestra vida sean sólo princesas que esperan vernos un día hermosos y atrevidos. Tal vez todo lo terrible no sea a fin de cuentas si no lo inerme, lo que está esperando nuestra ayuda“.

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