Nombre y plegaria

Ya han pasado meses desde que perdió protagonismo en mi corazón y pasan días enteros sin que lo recuerde. Pero hoy hablé con alguien cuyo nombre se le parece, salvo por una letra, y estuve a punto de llamarlo por el otro.

Por ese nombre que resonaba como la frase contagiosa de una melodía y que no llegué a usar en vocativo en voz alta. Repetir en mi mente sus cuatro sílabas se asemejaba a una plegaria.

Y aunque provoca desconcierto leerlo o escucharlo, ya no me molesta. Cada vez lo asocio menos con su foto y más con solo un emoji melenudo.

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