Y sin embargo, crece

Aunque en meses recientes he empezado a sentirme como la protagonista entusiasta y renovada de mi historia, algunas pequeñeces me regresan a la vieja conocida inseguridad y paralizante decepción.

Me gusta mi cabello. Aunque en temporadas lo he llevado en melena y más corto, en años recientes decidí mantenerlo al menos hasta donde comienzan mis hombros.

Hace unos días acudí a un salón para un corte, pues ya estaba muy largo y sin forma. Pero mi idea y la de la estilista no correspondieron y además rebajó más cabello de lo que señalé. Quedé muy decepcionada con el resultado.

Extrañamente, en el pasado hallaba confort en la idea de cambiar de look y en la certeza de que el cabello vuelve a crecer.

Sé que es como un accesorio y mi seguridad no depende de ello, no obstante, me sorprendió descubrir este apego.

Y ahora es una metáfora que me recuerda que nada es para siempre.

 

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