La voz de la experiencia

Cuando alguien está a punto de equivocarse, el impulso por corregirlo es muy poderoso.

Si situaciones parecidas me han llevado a conclusiones consistentes, me siento con la autoridad de expresar mi “voz de la experiencia”. Al menos para recomendar otra alternativa.

Pero claro, por lo general nadie quiere escuchar una opinión no pedida.

Entonces recuerdo la sabiduría de mi madre, con su frase de “nadie experimenta en cabeza ajena”.

Pues cuando se tiene el ímpetu de hacer algo, no se quieren escuchar razones ni ejemplos que lo contraríen.

A veces solo se aprende de los propios errores. Y cuando la persona que desestimó tu sugerencia se da cuenta de su equivocación,  también me remito al ejemplo de mi madre: escuchar, empatizar y, sobre todo, no mencionar el “te lo dije”.

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