Puñado de arena

Una reciente visita a la playa me dejó marcada por metáforas.

La más reveladora vino al tomar un puñado de arena e intentar asirla. Tras unos segundos, mi mano quedó casi vacía.

Enterré ambas manos en la arena y las llené, pero poco después de sacarlas, apenas quedaba un polvillo.

Entonces repetí la acción, esta vez pensando que la arena representaba los lastres del pasado.

Y resultó evidente cuán inútil era mi esfuerzo por aferrarme a esos recuerdos ligados al dolor, la frustración y el arrepentimiento. Y tan sencillo estirar los dedos para dejarlos ir.

 

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