Afición futbolera

Como habitante de una ciudad de gran afición al futbol, me he acostumbrado a ver las camisetas de los equipos locales y presenciar el cumplimiento de apuestas entre los “rivales”, desde un refresco hasta raparse; también a los gritos de gol en casas vecinas durante los fines de semana.

Estas expresiones me divierten, pero no soy fan ni le voy a ningún club. Tampoco me entretiene ver los partidos, salvo algunos en los Mundiales.

Quizás influyó la experiencia de México 86, cuando descubrí que ver los juegos del Tricolor me provocaba angustia y, a final de cuentas, decepción.

Dudo que llegue a interesarme vivamente por el deporte, pero ciertamente envidio la pasión futbolera; ese entusiarmo al festejar las anotaciones y reprochar al árbitro o al portero.

También admiro la fidelidad a un equipo a pesar de sus derrotas y descensos. Me da esperanza imaginar que replicarán esa fe en otros ámbitos de su vida.

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