Viejo idilio

Aunque en principio fue un sustituto, se ha vuelto un compañero infaltable, pues mi día no parece completo si lo omito.

Hace más de una década que acostumbraba tomar café por las tardes, como para marcar un descanso en mi jornada laboral, pues no salía de la oficina y tenía un horario corrido.

Pero cuando el estrés aumentó, el café ya no me sentaba bien. Así fue como comenzó mi idilio con el té.

Verde o jazmín, gracias a la entonces reciente presencia de los importados en el supermercado.

El momento de ir por agua y dejarlo reposar en la taza se volvió sinónimo de pausa. Y luego de deleite pues, mientras lo bebía, me permitía disfrutar su aroma y su sabor, así como distraer el estrés.

Después de cambios de horarios y trabajos, temporadas de estrés o de descanso, el té me acompaña. Ahora con más variedad de sabores y por lo menos una taza antes de dormir, como para cerrar bien el día.

Independientemente de las propiedades benéficas que las hojas y hierbas, significa una forma sencilla de activar las endorfinas (y sin efectos negativos). El chocolate se cuece aparte.

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