Deber y querer

Para escribir la tesis, programé un calendario de un numero mínimo de palabras por día.

Tenía que hacerlo en cierto plazo para aspirar a graduarme; sentía la obligación de sentarme ante la computadora, luego de consultar fuentes, leer y revisar notas, para redactar; no podía quedarme dormida con tranquilidad sin antes terminar mi cuota.

Añoraba entonces la lectura y escritura por el simple gusto, en lugar de por el deber.

La imposición me llevó a concluir la tesis dentro del tiempo planeado. El querer escribir una historia u redactar opiniones en el ámbito profesionales, a seguir divagando en mi mente.

Hace falta exigir a la intención, ponerle hora y fecha límite o, como una profesora de escritura creativa solía describir: que la inspiración te halle trabajando.

Y como recientemente escuché al autor Seth Godin sobre la razón de llevar un blog: para “dejar un análisis meditado de tu mundo”.

Cuando la voluntad falla, me digo que escribo porque puedo hacerlo, en contra de mi propio olvido.

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