Que no altere tu paz

Cuando una situación por decidir o una decisión tomada me espantan el sueño, hago un repaso de los pros y contras, el mejor y el peor escenario.

Si aun así persiste la duda sobre la opción a elegir o echarse para atrás respecto a una decisión -porque sigo sin quedarme dormirda-, me recuerdo que la mejor alternativa es aquella que no altere mi paz.

“No temerás al acostarte, y acostado, tu sueño será apacible. No temerás una catástrofe repentina o el ataque imprevisto de los malhechores. Yavé estará a tu lado y tu pie no quedará prendido en la trampa”. (Proverbios 3)

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Aceptación

Soy quien soy.

Mi cerebro y mi corazón, transformados por experiencias, vienen con este cuerpo  también cambiado.

Cuando me siento rechazada, suelo repasar mis dichos y reacciones para detectar   malentendidos u oportunidades de mejora. Y cuando nada sobresale, la conclusión recurrente es la del “no eres tú, soy yo”… Desde mi perspectiva: simplemente no le intereso.

Y está bien, porque soy quien soy y solo algunos me aceptarán así. Pero debo empezar por recordármelo a mí misma.

Gracias

Tras una plétora de deseos de bienestar, el espíritu se siente hinchado y profundamente bendecido.

Solo el antiguo hábito de pensar en las ausencias me arruina un momento.

Y sé que debo alejarme de la nube gris y concentrarme en las fuentes de luz, dejar pasar la energía positiva y poderosa de las palabras y gestos amables, genuinos y sinceros.

Por las presencias doy gracias, gracias, gracias.

Coincidencias

Apenas ayer divagaba sobre el rendirse y hoy leí sobre el ganador del premio Alfaguara, Ray Loriga, con su novela “Rendición”…

Si estuviera en librerías, seguramente hubiera ido a buscarla, pues rara vez las coincidencias me parecen fortuitas.

Pero si no hay relación con el contenido, podría ser con otro libro del autor, su historia…  Buscar entre las posibilidades infinitas y el sobreanálisis arruinan la ocurrencia.

Como admiradora del pensamiento “Demianista” de Herman Hesse, me aferro a creer que no hay coincidencias sino efectos de nuestros deseos. Deseos tan poderosos que actúan como imán.

  “Cuando llegue a pedir llevando en sí la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante”

Extrapolando, las coicidencias serían respuestas a nuestras necesidades más genuinas.

Lo más sencillo -y evidente- será concentrarme en el título como reafirmación a mi anhelo e indicativo de dejarme guiar por ese pensamiento.

Torrente incontenible

Rendirse, rendirse, rendirse… me repite la guía en la meditación grabada.

Luce tan sencillo y plácido como empezar a distender el cuello y los hombros… solo concentrada en inhalar y exhalar.

Y sin embargo, resulta como abrir la compuerta de un dique para soltar cualquier emoción contenida, reciente o añeja.

Incluso cuando me siento de muy buen ánimo y positiva, el torrrente fluye.

Y me doy cuenta que aún hay tantos sentimientos que ya no deseo acumular… tanto por ceder, dejar ir, entregar…

Eufonía

Tras leer el nombre de un fotógrafo, sentí que mis labios sonrieron, como si de una eufonía se tratase.

No conozco a esa persona, sino a su homónimo. Por un instante su recuerdo activó una sensación de bienestar.

Esta reacción indeliberada me sorprendió, pues las más recientes evocaciones llevaban un dejo de tristeza.

¿Podré ya anclar ese nombre en las memorias felices?

Mirar sin asombro

Hace meses que no planeo un paseo solo para tomar fotos, ni siquiera una hora para visitar un museo, templo o las afueras de un edificio fotogénico.

El robo de mi cámara SLR aún proyecta sombra en mi entusiasmo por retomar la práctica de mi afición, aunque no debe ser motivo de excusa.

Obviamente me falta el instrumento, pero también he hecho a un lado las tomas con el celular y mi otrora activa cuenta de Instagram.

Si bien realizo otras actividades creativas, empiezo a sentir una alarma por este alejamiento…

Puede significar que mi entorno me parece rutinario o miro demasiado al suelo.

Temo perder sensibilidad y que mi alrededor no me asombre;  temo la ceguera de la costumbre y de recorrer los mismos caminos sin salir de la ruta familiar.